Programación
Madrigales escenificados

De amor y guerra / Madrigales del Octavo libro, de Claudio Monteverdi

Sala Miguel Covarrubias, CCU


Fechas y horarios
Viernes 18 de agosto / 20:00 hrs.
Sábado 19 de agosto / 19:00 hrs.
Domingo 20 de agosto / 18:00 hrs.

Charla previa con Gerardo Kleinburg, viernes 18 / 19:00 hrs. 


Juan Carlos Zamudio, dirección musical y primer violín

Benjamín Cann, puesta en escena y dramaturgia

Matías Gorlero, escenografía e iluminación

Ruby Tagle, coreografía

Ricardo Loyola, vestuario



 
Ensamble barroco Los Temperamentos

Swantje Tams-Freier, soprano

Nadine Remmert, clavecín

Hugo Miguel de Rodas, archilaúd y guitarra barroca

Néstor Fabián Cortés, violonchelo barroco

Luis Miguel Pinzón, violín

Galel Sánchez, viola (invitado)

 

Solistas

Evelyn Johnson-Zamudio, soprano

Fernanda Sánchez, soprano

Rogelio Marín, tenor

Juan Felipe Gallegos, tenor

Carsten Wittmoser, bajo

 

Actores

Mariannela Cataño, Ella

Pablo Valentín, Él

María Gonllegos, Andrea Guerrero, Arantxa Marchant y Yany Prado, Ninfas



Equipo de producción

Gabriela Lozano, producción

Francisco Méndez Padilla, traducción y supertitulaje

María José Caballero, asistente de puesta en escena

Pilar Cerecedo, asistente de producción

Maricela Estrada, maquillaje y peinados

Rafael Cárdenas, maestro repasador

 


                                      Cuadro sinóptico.

 

Primera parte:

Una orquesta de 17 músicos. No siempre llegan todos.

Dos hombres. Y otro hombre.

4 ninfas: una triste, una enojada, una ingenua, una cachonda.

Él: un mesero.

Ella: una bailarina.

Mujeres que llegan.

 

Dos hombres platican sobre qué se 

necesita para ser un amante: ser un 

guerrero.

Otro hombre, enamorado, platica sobre 

la persona que ama.                    

 

                                                                            

                                                                       Él y Ella se enamoran.

 

Segunda parte:

Los mismos.

 

Unas mujeres platican sobre un país y 

su presidente.

 

Tercera parte:

Los mismos pero algunos son otros:

Cupido.

Venus, la diosa del amor.

Plutón, el rey del Infierno.

Sombras del Infierno.

Una ingrata.

 

Cupido y Venus deben hablar con 

Plutón. Le cuentan que en su reino 

hay unas mujeres ingratas que se 

burlaron del amor.

Plutón sabe que no se puede despreciar 

al amor.

Pero ellas no abrieron sus ojos, 

sus oídos, y sobre todo sus cuerpos 

al amor. 

No se dejaron tocar por la flecha de 

Cupido. 

Por eso están en el Infierno.

Cupido y Venus le piden al rey una nueva 

oportunidad para estas ingratas: si Plutón 

las dejara salir al mundo otra vez...

tal vez aprendan la importancia de 

dejarse vulnerar por el amor.

                                                  

                                                                                      

                                                           Él y Ella "mueren" de amor.

 

Cuarta parte:

Los mismos.

 

Una mujer se pregunta en dónde 

está la fidelidad.

"El amor" dicen, " mezcla el fuego con el hielo."

 

                                                            



                                                               Él y Ella mueren de amor.





Hablar de Monteverdi y sus madrigales es aludir al propio punto de partida de ese género híbrido y entrañable, desmesurado y abrasador, al que hemos dado en llamar “ópera”.

Muchas veces se ha referido uno a Claudio Monteverdi como “el padre de la ópera”. Más en este año emblemático en el que todos conmemoramos su 450 aniversario natalicio. Yo tengo mis dudas. Y si bien hay días en los que me despierto y creo que, en efecto, su llegada al género, el arribo a éste de un músico genial y revolucionario, de un verdadero creador, orquestador, armonista y melodista de élite como él fue el verdadero motor de propulsión para el despegue del mismo, hay otros -no pocos- en los que pienso que Monteverdi fue el primer “pervertidor” de ese frágil, puro y probablemente equivocado invento con el que florentinos como Vincenzo Galilei, Girolamo Mei, Giovanni Bardi, Jacopo Peri y Giulio Caccini, entre otros, creían estar reviviendo el teatro griego clásico.

Me explico y al hacerlo -o al menos intentarlo- explico de algún modo este espectáculo madrigalesco con el que Benjamín Cann marida musical y dramatúrgicamente lo que jamás ha estado desunido: amor y violencia, guerra y seducción, sexo y muerte.

La ópera es como nuestra propia especie. No nace en un segundo. No es una gemación automática y súbita de los intermezzi teatrales de las cortes y las cameratas florentinas. Sino que más bien es el fruto de un accidentado proceso evolutivo en el que la obra de teatro deviene canto, y el canto deviene narración. Y justo en ese intersticio: ella misma: la ópera.

Su tempo inicial, su péndulo y su oscilar, es el madrigal -la canción secular más o menos polifónica, más o menos monódica- que se transforma en narración, que cuenta una historia, que adquiere propiedades dramáticas, que no sólo acontece, sino que musicaliza y narra acontecimientos. Y por otro lado es también el recitativo, esa suerte de rap de fines del XVI, que -por virtud del clamor popular de esos incipientes espectadores operísticos que asisten por primera vez a los recientemente creados teatros- se torna cada vez más cantado, más canción, más virtuosístico, más arioso, menos recitado, menos “puro”.

Nadie mejor que Monteverdi para encarnar esta dicotomía, esta contradicción esencial del nacer operístico. Y nada mejor que estos tres madrigales (Ogni amante è guierrier, Il ballo delle ingrate y Lamento della ninfa)  escogidos por IM.PULSO del Libro Octavo, ese que su autor designó acuciosamente como “Madrigales guerreros y de amor, con algunas pequeñas obras de género representativo, que serán interpretados entre las canciones sin acción teatral”, para mostrar hasta qué punto ese neoplatónico cremonés al servicio de los Gonzaga era capaz de convertir en drama musical todo aquello que tocaba.

El milagro se ha dado, a través de un canto que por primera vez responde a la intención dramática, de una orquesta que debuta como narradora y no sólo como acompañante, de la condición humana que irrumpe como sujeto sonoro. Monteverdi es todo esto. Y más. Es también el individuo que procrea el teatro musical moderno. Para bien y para mal. Para siempre.

Nota por Gerardo Kleinburg

 

Agradecemos la colaboración de Centro de Educación Artística Eugenio Cobo (CEA)


Costos: $320 y $200

*Los días 8 y 9 de agosto habrá descuento del 50% para compra en taquillas con o sin credencial UNAM.

18
Agosto 2017
19:08