Allegro con batuta 1: ¿Para qué sirve la música clásica?

¿Para qué sirve un concierto? ¿Qué sentido tiene salir de casa si todo lo alcanzamos a un click? En compañía de Iván López Reynoso, director de orquesta, conductor, y miembro de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, exploraremos junto con la historia el sentido de la presentación musical frente a un público.

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  • Anfitrión: Iván López Reynoso
  • Episodio: 1
  • Duración: 13:40
  • Etiquetas: #MúsicaClásica, #AllegroConBatuta, #IvánLópezReynoso, #OrquestaFilarmónica, #UNAM

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Allegro con Batuta

Anfitrión: Iván López Reynoso

Capítulo 1: ¿Para qué sirve la música clásica?

Rúbrica: Una partitura no es una pieza de museo, no es un monumento inalterable, no es un recuerdo estancado. Una partitura se toca, se platica, se escucha. Allegro con Batuta. Un pódcast de perspectivas y análisis sobre el panorama musical y artístico. Con Iván López Reynoso. CulturaUNAM.

Querida audiencia, amigas y amigos. Los saluda, con mucho gusto, Iván López Reynoso. En esta primera emisión del pódcast Allegro con Batuta, con mucha ilusión y mucha felicidad de saludarlos a todos, agradeciéndoles que se tomen un momento de su día para escucharnos, escuchar este nuevo experimento, este nuevo proyecto, con CulturaUNAM, para llegar a todos ustedes y platicar en este espacio, sobre música, sobre el quehacer cultural en la actualidad. Sobre las nuevas generaciones, las nuevas maneras de hacer música y, sobre todo, compartir agradables los minutos que, espero, sean muy placenteros para todos ustedes.

Yo estoy muy contento de iniciar esta nueva actividad, este proyecto. Y en la emisión de hoy, amigos, he pensado un poco: qué puede haber en un pódcast sobre música clásica, qué puede contarle un director de orquesta a la gente que nos escucha. Y, probablemente, trataré en esta primera sesión de contestar junto con ustedes o a través de esta emisión una pregunta que yo me hago constantemente y que me hacen también constantemente. Pero sobre todo una pregunta que ronda mi cabeza, con mucha frecuencia y es: ¿Para qué hacer música clásica? ¿Para qué sirve un concierto? ¿Cuál es la verdadera finalidad de ir a una sala de conciertos, o un teatro, a ver a una orquesta, o una ópera, o un ballet? Por qué si está todo en el siglo XXI al alcance de un click, en un dispositivo electrónico; por qué tenemos que ir al teatro; por qué tenemos que ir a un concierto.

Amigos, esta pregunta es difícil de contestar, trataré de dar algunos argumentos, algunos puntos de vista, algunas opiniones, junto con ustedes, en esta transmisión. Y la principal respuesta, una de las respuestas que se me ocurren, y que he pensado yo constantemente, es que el ser humano vive también de sus emociones, de las emociones, de la emotividad, de las sensaciones. Y esa parte que no es un nutriente para el cuerpo, de una manera física, sí lo es de una manera espiritual, sí lo es para el alma, sí lo es para la mente. ¿Cómo nutrir la mente? Es una buena pregunta también. ¿Nutrir la mente? Pues leyendo, escuchando música, yendo a un museo, viendo una buena película. Todas ésas son maneras de nutrir la mente, desde luego la música no es la única. Pero entonces por qué ir a un concierto. ¿Qué hay en un concierto que no haya en internet o que no haya en un disco o que no haya en un celular?

Bueno, amigos, yo les puedo decir sin temor a equivocarme que la experiencia de estar en una sala de conciertos no tiene igual. No tiene comparación. Se los digo porque yo mismo tengo constantemente esta emoción, este nervio, esta inquietud, cada vez que se acerca el momento de salir al escenario. Porque para nosotros los artistas lo más importante es el público, para nosotros la razón de estar allí es que la gente que nos regala un momento de su día, muchas veces de un muy ajetreado día, con mucha actividad, con muchas ocupaciones, con mucho estrés, vaya a la sala de conciertos y nos regale esa hora, hora y cuarto, hora y media, dos horas, de su día para poder compartir juntos emociones, sensaciones, imaginar, vivir, sentir.

Esa es la principal razón de ser, el motor de los artistas: el público. Nos debemos al público y a las emociones con el público. Tan es así, amigos, que cuando un músico prepara un concierto en los ensayos, se ensaya desde luego un programa, dependiendo del programa que sea. Se puede ensayar una semana o dos o cuatro días. Pero en los ensayos trabajamos pensando en construir esa atmósfera, esa ilusión, esa magia, esas emociones, que después el público vive con nosotros. Y yo les digo, que platicándolo con colegas, con amigos músicos, los ensayos pueden ir muy bien y pueden ser maravillosos y muy divertidos, pero nada se compara a esa sensación de, por fin, tener al público frente a nosotros. Es incomparable la emoción. Y entonces, amigos, ese público que está allí, que nos regala su tiempo, está también esperando sentir. La razón de ir a un concierto es vivir una experiencia emocional que no tenemos en la cotidianidad, y tan no la tenemos en la cotidianidad que éste es otro argumento a favor de la música y de la cultura en vivo.

Tú puedes tener tu dispositivo electrónico, tus audífonos, escuchar placenteramente una sinfonía, en tu casa, en el coche, de camino al trabajo, en el metro, y esa música que está siendo reproducida para ti… ya fue interpretada. No se está interpretando en tiempo real, lo que tú estás escuchando es la reproducción de algo que ya pasó, como este podcast que yo estoy grabando para ustedes en este momento. Esa idea de que la música no está viva es la razón por la cual tenemos que seguir creando música.

Es decir, si tú te pones los audífonos y escuchas una grabación de la Sinfónica de Londres o de la Filarmónica de Berlín o de María Callas o del cantante que te gusta, de la sinfónica que te guste, y esa sinfónica ya realizó ese proceso, la orquesta no está tocando allí para ti.

Cuando tú vas al teatro, cuando tú vas a la sala de conciertos, todos esos músicos están tocando en vivo, creando en ese momento la música para ti. Esas vibraciones, esa energía, que se siente en el teatro, en la sala de conciertos, al crear la música es incomparable, se los digo con toda sinceridad. No hay momento similar a esa energía y a esa emoción de estar sentado en el público y ver y recibir las vibraciones, la energía de una orquesta que está allí tocando, creando en ese momento. Esa sensación, amigos, es una de las razones por las cuales tenemos que seguir yendo a los conciertos y, sobre todo, perderle el miedo a un concierto de música clásica. ¡Cómo no! Cuántas veces he escuchado yo en mi vida: “no, es que la música clásica es muy intelectual”, “los conciertos de música clásica son muy aburridos”, “la ópera es muy aburrida”, “están cantando en un idioma que yo no entiendo.” Y para estos cuatro argumentos yo tengo, amigos, más argumentos para perderle el miedo.

Primero, la música clásica no es aburrida: la música clásica es como el cine, como la literatura, como el teatro, tienes que encontrar lo que te gusta. Y hay tanta variedad de música clásica como hay variedad también de géneros de películas. Tú me dices a mí: me gusta una película de terror. Bueno, pues a mí me gusta la música de Beethoven para piano. Tú me dices: o, a mí no me gusta la película de terror, no la disfruto, a mí me gusta una comedia romántica. Y lo mismo puedo decirles: bueno, a mí la música para piano de Beethoven no me gusta, pero me gustan las sinfonías de Mahler. Y entonces la cosa es, amigos, buscar, encontrar cuál es esa parte de la música que te gusta, ese compositor que te atrae, ese compositor con el que sientes afinidad. Y descubrir. Seguir descubriendo su música, seguir descubriendo sus composiciones. Y después, ver otras composiciones, tal vez de compositores contemporáneos. Si tu me dices, “a mí me gusta Beethoven”… hablemos de esto un poco, porque además estamos conmemorando, en el 2020, los 250 años de su natalicio.

Beethoven es un compositor, amigos, efectivamente accesible, efectivamente que se escucha fácil, por decirlo de alguna manera. Es un compositor generoso, es un compositor con muchas emociones. Tú me dices: “A mí me gusta Beethoven.” Bueno, entonces lo que yo te diré es intenta ahora escuchar a Schubert, las sinfonías de Schubert, que están vinculadas con Beethoven. O escucha, después, a Brahms. Que Brahms es el gran romántico que continua un poco la tradición sinfónica y romántica de Beethoven. Es ir encontrando el gusto.

Cuando me dicen, “me aburre la música clásica”, yo lo que suelo decir es: “bueno, tal vez no has encontrado el tipo de música clásica que a ti te gusta en verdad.” Y así pasa también en la ópera. Cuando me dicen: “ es que yo no entiendo italiano, yo voy a la ópera y me están cantando en un idioma que no sé.” Pues tampoco es un argumento, amigos, porque ya la ópera, en el siglo XXI (con la tecnología, que es una cosa de la que hablaremos en otro podcast: la fusión de las nuevas tecnologías con la música), la tecnología nos ha ayudado a que en la ópera, en una función de ópera, en el Palacio Bellas Artes o en el teatro de ópera del mundo que gustes, haya supertitulaje, o subtitulaje, en el idioma en el que tú puedas comprender esa ópera.

En el Palacio de Bellas Artes, por ejemplo, se puede estar presentando El Elixir de Amor, de Donizetti, una comedia en italiano divertidísima, y tendrás supertitulaje en español, entenderás cada palabra que están cantando los cantantes para ti. Entenderás la historia por ende, entenderás la trama, entenderás que la ópera es al final eso: contar una historia con música. Y si tú me dices, “bueno, El Elixir de Amor no, porque no es mi estilo la comedia.” Bueno, entonces, yo te diré que hay ópera de terror. Tú puedes ver, tal vez, La Vuelta de Tuerca, de Benjamin Britten, basada en la novela de Henry James, que es una ópera de fantasmas, y entonces tal vez esta sea un poco más el tipo de ópera que te guste disfrutar.

Entonces, amigos, como pueden ver es cuestión de perderle el miedo. La música clásica no está pasada de moda, la música clásica es tan vigente, tan actual, como cualquier otro arte. Tal vez, evolucionando, de lo que hablaremos próximamente, evolucionando junto con las demás actividades culturales; las demás maneras de expresar emociones, pero ésa es un poco la razón de ser de esta primera emisión del podcast Allegro con Batuta, la música está más viva que nunca, la música además tiene muchas maneras de comunicar-se, para nosotros. Y yo les reto a que piensen si hay un día de su vida que, tal vez, de manera involuntaria, en que no escuchen música.

La música está siempre ahí, tal vez a lo lejos, tal vez en el transporte público, tal vez en el centro comercial, tal vez en la radio, tal vez en la televisión o como el soundtrack de una película. Pero la música está siempre allí. Y la música clásica es para todos. No se necesita tener un doctorado, no se necesita haber leído todos los libros del mundo, para entender y disfrutar una buena sinfonía de Mozart, una buena sinfonía de Beethoven, una buena cantata de Bach, o una buena ópera de Donizetti, Rossini o Verdi, o el compositor que más les guste.

Amigos, yo soy Iván López Reynoso este fue el primer podcast de Allegro con Batuta. Los sigo esperando en nuestras próximas emisiones. La próxima vez hablaré un poco más de cómo acercarnos a la música clásica y de cómo se ha fusionado la música clásica a las artes en general, pero también la ópera y la música de concierto con la tecnología, y para seguir vigente, y actual, y llegar a nuevos públicos. Muchas gracias a todos, que sigan teniendo un excelente día.

Allegro con batuta

Analizaremos el futuro y la actualidad de la música clásica con los ojos de las nuevas generaciones. Platicaremos sobre las propuestas, las vertientes, las alternativas y los factores que intervienen en la reinvención y renovación de las actividades artísticas escénico-musicales. ¿Qué finalidad tiene un concierto? ¿Para qué sirve la música clásica? ¿Está vigente? Estas son algunas de las preguntas que nos plantearemos juntos y que intentaremos contestar en estas sesiones de análisis y reflexión.

Iván López Reynoso

Iván López Reynoso

Anfitrión

Considerado una de las batutas jóvenes más importantes de la actualidad, ha dirigido en países como México, Perú, España, Alemania, Italia y Omán. Es director asociado de la OFUNAM y principal director invitado de la Oviedo Filarmonía en España. Su versatilidad lo ha llevado a dirigir música sinfónica, danza, ballet, espectáculos multidisciplinarios y más de 30 óperas. Colabora frecuentemente con orquestas de prestigio y con artistas como Javier Camarena, Brigitte Fassbaender e Ildar Abdrazakov, entre otros. Es el primer director mexicano en haber participado en el Rossini Opera Festival de Italia, y se convertirá en el primero en dirigir en el Teatro Real de Madrid en enero de 2021.

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