Punto ciego 5: Precariedad cultural

¿Qué quiere decir ser trabajador cultural? Hemos invitado a María Minera, Irmgard Emmelhainz, la Baby Solís, Alma Cardoso, Nuria Sadurní y unx invitadx que ha optado por el anonimato, para compartir sus reflexiones y continuar esta necesaria conversación de la que todxs debemos formar parte.

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  • Anfitrionas: Virginia Roy y Sol Henaro
  • Episodio: 5
  • Duración: 37:37
  • Etiquetas: #TrabajadorCultural, #MaríaMinera, #IrmgardEmmelhainz, #BabySolís, #AlmaCardoso, #NuriaSadurní, #SectorCultural, #precarización

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Punto Ciego

Anfitrionas: Sol Henaro / Virginia Roy

Capítulo 5: Precariedad cultural

Rúbrica:

Houston tenemos un problema, hay un descenso de presión a la entrada de nuestro nervio óptico. No vemos el planeta, necesitamos mayor claridad.

Punto ciego, los objetos están más cerca de lo que parecen.

Una deriva sonora sobre temas urgentes en el cruce del arte contemporáneo, con entrega mensual, Sol Henaro y Virginia Roy, curadoras del MUAC, te dan la bienvenida.

Punto ciego, un podcast MUAC, CulturaUNAM.

[Habla Carolina Condés]: La precariedad no es un fenómeno nuevo ni mucho menos exclusivo del sector cultural, sin embargo esta realidad recrudeció con los recortes de presupuesto y la pandemia, dejando expuestxs a numerosxs productores que, lejos de contar con salarios fijos y/o justos, carecen generalmente de seguridad social y otras prestaciones ganadas por el sector laboral en luchas sociales. Ellas y ellos, a quienes se les exige una preparación especializada que no es remunerada equitativamente, se ven continuamente obligadxs a soportar retrasos en los pagos, a adoptar una flexibilidad laboral y, a veces, a colaborar contra su voluntad trabajando horas extras y haciendo uso de sus contactos personales.

La continua merma de derechos para lxs trabajadores sumerge a estxs y a sus economías en un bucle de desgaste, tensión y vulnerabilidad. Lxs productores culturales que generan conocimiento y contenido simbólico para aprender el mundo, suelen estar más expuestxs cuando se es mujer, se opta por la maternidad o cuando se llega a la vejez, una vejez sin garantías.

¿Qué quiere decir ser trabajador cultural? Hemos invitado a María Minera, Irmgard Emmelhainz, la Baby Solís, Alma Cardoso, Nuria Sadurní y unx invitadx que ha optado por el anonimato, para compartir sus reflexiones y continuar esta necesaria conversación de la que todxs debemos formar parte.

Punto Ciego

[Habla María Minera]: Viñeta 1. El padre le pregunta a la hija: ¿a qué te vas a dedicar, mijita? Voy a ser artista, dice ella. Uy, pues te vas a morir de hambre, mejor estudia algo que deje, leyes o contaduría, por ejemplo. Este viejísimo dictum se sigue repitiendo tristemente hasta el día de hoy, porque hay algo que esencialmente no ha cambiado, y es su cercanía con la realidad. Él o la joven que decide dedicarse al arte, parece estar eligiendo, a la par, unas condiciones precarias de vida y trabajo, pues en efecto el arte, por usar la misma metáfora que el atribulado padre, deja mucho en términos simbólicos pero muy poco o nada en los bolsillos de quien lo practica.

Vivimos en un mundo extraño en el que alguien que está moviendo cifras intangibles, en una computadora de la bolsa de valores, puede ganar en una hora miles de veces más que un maestro o maestra de primaria cuyo papel resulta tan profundamente crucial para la sociedad. También, es este el mundo en que un puñado de artistas vende su obra en millones de dólares, mientras la inmensa mayoría de sus colegas no logra vivir de su trabajo y, por tanto, debe pasarse la vida llevando a cabo un sinfín de actividades, muchas de ellas ni siquiera propiamente artísticas, que rara vez son regulares o estables, y por las que se obtiene una ganancia apenas suficiente para cubrir las necesidades más básicas. Pero muchos piensan que ser artista implica eso, no hacer las cosas por que dejen, como la contaduría o las leyes, sino por el puro amor al arte. Y he ahí el comienzo del gran malentendido, pues nadie le paga a otro por hacer las cosas que hace por amor.

Viñeta 2. Es de lo más común toparse en las redes sociales con llamados, que hacen las familias, solicitando apoyo económico para pagar el tratamiento o la hospitalización del pariente que, como casi todos los artistas, ha llegado a la vejez sin poder costear un seguro médico privado y sin tener acceso a la salud pública. Una situación que desde luego la pandemia no ha hecho sino empeorar. Músicos, actores, poetas, pintores, que por la suspensión de actividades han visto seriamente mermados sus ingresos, de por sí precarios, y que ahora se enfrentan al colmo de la vulnerabilidad. Después de pasar la vida haciendo arte para otros, para todos, llegan al final sin tener ni para las medicinas.

Buena parte de la cultura y el arte que se produce en este país está auspiciada, en alguna medida, por el estado; es decir que el estado desde hace varias décadas ha fungido como una suerte de empleador. Un empleador, hay que decirlo, que paga poco, tarde y que no ofrece ningún tipo de protección social a sus trabajadores. El estado, si acaso, facilita el uso de sus instalaciones, por ejemplo los teatros, y en el mejor de los casos paga las funciones o algún tipo de estipendio. Con frecuencia los artistas llegan incluso a realizar su actividad de manera gratuita o a cambio de cifras muy inferiores a la paga que se consideraría justa o deseable para esa labor. Es más, los artistas ponen dinero en los proyectos que hacen, lo cual permite al estado esgrimir una oferta artística prolífica y diversificada sin pagar demasiado por ella. Los artistas, en este sentido, son también inversores, pues hacen préstamos que, no obstante, nadie les va a devolver. Asumen toda clase de riesgos y encima de todo ni siquiera pueden ponerse en huelga. El trabajador al que no le gustan las condiciones de trabajo hace un paro, frena la fabrica, los trabajadores del arte y la cultura ni a ese derecho llegan.

Viñeta 3. Pongamos el caso de una joven actriz. No sólo no cobra por ensayar durante semanas o meses, sino que paga de su bolsillo el vestuario de su personaje, ayuda a la compañía a repartir volantes para promocionar la obra, se lleva por función una cantidad tan pequeña que casi tendríamos que calificar de simbólica. Y al terminar la breve temporada, no sólo ella debe dinero sino que, ha quedado, básicamente, desempleada.

En pleno siglo XXI los artistas luchan por ser reconocidos como trabajadores, esto es que su labor sea vista, por ellos mismos, su entorno y el estado, como un trabajo y no como un mero hobby o pasatiempo, claman pues por ser tratados como sujetos de derecho. Hay cambios urgentes que deben llegar, esperemos que pronto.

Punto Ciego

[Pista musical]: Fragmento de la canción “El favorcito” interpretada por la Muchacha

Punto Ciego

[Habla Alma Cardoso]: Yo Soy Alma Cardoso y soy una trabajadora precaria, jaja. Entre muchos de los trabajos que tengo ,bueno, soy parte de un grupo que se llama Trabajadores del Arte de México. Y, bueno, pues la otra parte del tiempo está dividida entre ser docente, curadora, investigadora y todo lo que se ofrezca. También, he de decir que Trabajadores del Arte en México y Trabajadores del Arte Latinoamérica es, de hecho, una red de cooperación no remunerada, que busca autonomía [que] tiene como como trabajo principal abonar y desarrollar investigaciones cuantitativas acerca de las condiciones de las trabajadoras del arte y la cultura en América Latina y, bueno, en el grupo específico de México pues de eso, ¿no?, de México.

[Habla Baby Solís]: Me llamo Baby Solís, soy divulgadora de arte, a través de mi proyecto Obras de arte comentadas, el cual sucede en plataformas digitales. Para decir algo, pues ad hoc al tema de este podcast, me gustaría mencionar las formas en las obras que Obras de arte comentadas subsiste, porque por supuesto que es un proyecto por el cual obtengo remuneración y, de hecho, todos mis ingresos corresponden Obras de arte comentadas. También subsiste ofreciendo cursos y es pues cuando a mí me contratan para dar una ponencia o ser jurado o cualquier tipo de actividad relacionada con el arte.

[Habla Irmgard Emmelhainz]: Yo soy Irmgard Emmelhainz, soy escritora traductora, docente. Mi última obra fue hecha gracias a una beca FONCA: Amores tóxicos. Futuros imposibles. Vidas feministas como resistencia. Yo entiendo como precariedad una condición laboral que no nos asegura un salario por el resto de nuestras vidas, que es más o menos la condición laboral y general de la población global. Ya no nos contratan como contrataban a nuestros papás y mamás: con un salario fijo, que te llegaba mes por mes, que te quitaban una porción para pagar impuestos y con esos impuestos se pagaban cosas que proporcionaba el estado para los trabajadores y que, además, se hacia un fondo para tu retiro. Hoy la precariedad implica trabajar sí con mucha incertidumbre en cuanto al tiempo de trabajo, en cuanto a los contratos, es una subsistencia no asegurada, así yo definiría la precariedad.

[Baby Solís]: La precariedad pues sí es una de las formas más habituales que adquiere la desigualdad en el capitalismo y, definitivamente, como lo planteaba Irmgard, pues es una condición compartida por las trabajadoras. No es algo que suceda únicamente en el campo artístico. Sin embargo, creo que en el campo del arte, que es a lo que las aquí presentes nos dedicamos, sí tiene algunas particularidades y me gustaría que mencionarlas, remitiendo a las reflexiones que hace Remedios Zafra sobre este tema. La primera cuestión que me gustaría mencionar es que la precariedad en el trabajo creativo está camuflada con altas dosis de motivación y voluntarismo. Es decir, nosotras aceptamos voluntariamente alimentar dinámicas de autoexplotación, porque nuestra pasión, nuestro entusiasmo por producir arte, textos, videos, memes, reflexiones… son tal que muchas veces no nos importa si vamos a recibir una remuneración por nuestro trabajo. Consideramos que poder hacerlo, expresarnos, ser publicadas, sentimos que eso ya es una paga suficiente…

[Irmgard Emmelhainz]: Es que justo, en las industrias culturales, la visibilidad es capital para los trabajadores culturales. No es que se capitalice el entusiasmo, sino [que] uno al participar en innumerables cosas no remuneradas va adquiriendo visibilidad y la visibilidad sí es capital.

[Baby Solís]: La idea de la visibilidad, de que es capital dentro del campo del arte. Creo que sí, y definitivamente no quiero sonar, en ninguna medida, como que el cambio está en una. Pero yo pienso que como personas involucradas en este campo laboral, creo que al menos las personas más jóvenes sí deberíamos de cuestionar esa idea, de que la visibilidad lo es todo, ¿no? Muchas veces, como ya sea da por hecho de que no hay manera de retribuir con dinero tu trabajo, se te mete mucho en la cabeza la idea de que vas a trabajar únicamente por visibilidad e incluso, yo he visto, y hablo como desde mi experiencia laboral… he visto que hay ciertas galerías, ciertos espacios e incluso revistas de arte, que se acercan a ti diciéndote que van a ofrecerte un espacio en su revista o en su galería, o en su programa de radio. Y yo, como una persona que también pues tiene un medio, al menos yo sé cambió totalmente esa lógica acercarme a las personas hablándoles como que yo les voy a dar el regalo de poder publicar aquí, ¿no? Hay que entender que absolutamente nadie nos está haciendo un favor ni dando una oportunidad al publicarnos. Tanto el medio como tú, se benefician de tu trabajo, y pues es una relación mutua. Y siento que sí podríamos retar en el campo del arte esta idea de que el prestigio y las credenciales acumuladas son lo más importante, al punto de que no importa si no están contemplados los honorarios e incluso muchas veces tienes que poner tu propio dinero; tienes que aceptar esa situación desventajosa para hacer currículum, que es como nuestra gran obsesión. Y pues a mí sí me gustaría pensar si es que podemos justamente imaginar otros parámetros para dar becas, otros parámetros para tomar en cuenta el trabajo de las demás personas, que no sea ver si tienen un currículum gordo, sobre todo cuando en muchísimas ocasiones, sabemos que lo que conforma todo ese currículum pues fue realizado en la total este autoexplotación.

[Alma Cardoso]: Creo que algo que decías en un principio es muy importante. Y es reconocer que la situación de precariedad es propia del sistema en el que estamos. Es decir que mientras pensemos en el sistema de producción capitalista pues estaremos viendo cómo cualquier persona que ofrece su trabajo, cada vez se va acercando más a mayores condiciones de precariedad.

Los artistas, las artistas, yo diría que son representativos de esa condición de trabajador y trabajadora. No son los únicos, definitivamente, pero hay unaaa… en esto que dice Baby, una especie de celebración y ha existido, creo yo, desde hace mucho tiempo, una celebración por esta flexibilidad de los artistas, ¿no? Y, que además, difícilmente se les entiende como trabajadores, ¿no? Es común pensar en las artistas y los artistas, pues eso, ¿no?, como un trabajo por gusto, como un trabajo por puro placer, porque además, claro, pues el “t r a b a j a r e n a r t e” tiene una condición que no sé, se asocia con la diversión, con los entretenido, entonces pues claro, “se entiende” y lo digo entre comillas, ¿no?, es lógico que los artistas pues no cobren por lo que hacen porque pues hay una situación ahí como de divertimiento, de agrado, de no sé… y creo que esa es una gran herramienta de las industrias culturales para precarizar y sostener las relaciones precarias entre las y los artistas.

[Irmgard Emmelhainz]: Parte de la cuestión es que la precarización del trabajo tiene una historia y tiene que ver con las demandas que hicieron los trabajadores a partir de sus sindicatos en los años 60 y 70, en México los 80. Tiene que ver con las luchas sindicales y a partir de los cuales los patrones se reorganizaron y dijeron: ”ok, no quieres estar sometido a un jefe, te contrato por proyecto, etcétera.”

Entonces hay una serie de mutaciones en lo que concebimos como trabajo y como salario. Y una de las cosas principales que nos debe preocupar es que el capitalismo absolutista de estos momentos va por la vida y, entonces, la precarización laboral en este momento tiene que ver con un despojo de nuestra capacidad de reproducir la vida. ¿Por qué? Porque hace 50 años el sueldo mínimo estaba determinado a partir de lo mínimo que necesitaba un trabajador y su familia para sobrevivir, pero hoy en día el sueldo está completamente desligado del cuerpo y de nuestras necesidades de subsistencia.

Ahora que entendamos al arte como una producción también es [una idea] recientemente nueva, porque en el modernismo temprano los artistas eran burgueses y trustfundists y tenían patronos y tal, y su actividad sí se consideraba como algo que uno hacía en el tiempo libre. Entonces ahora al masificarse el arte, al masificarse la educación del arte, etcétera, se empieza a considerar al trabajo creativo como parte del ámbito de producción, y por eso también es tan complicado [de] medir… no sé, ¿cómo cuantificas una obra de arte? ¿Cómo cuantifico yo un texto? ¿Cómo se cuantifica una traducción? Etcétera. Porque no es mediable, no es cuantificable, como tampoco se está cuantificando la relación sueldo-subsistencia. ¿no?

[Alma Cardoso]: Sí, yo estoy de acuerdo con que me es complicadísimo ponerle… como en cualquier cálculo salarial, no sé, cuánto valen ocho horas de tu vida. A mí me parece importante y también al grupo de Trabajadores del Arte… y en el que el cual yo me desarrollo, pues nos parece importante trabajar en este puente, ¿no?, en el cual pensamos a los artistas como una clase trabajadora, con las dificultades que eso representa, pero que también nos conduce a pensar cómo podemos imaginar relaciones laborales justas en una era inmaterial, donde además es muy interesante que la vida del artista no está abocada… (del artista contemporáneo) no está abocada únicamente a la producción de obras de arte, ¿no? Hay una gran diversidad, precisamente, una gran hiperflexibilidad de los trabajos de los artistas que van desde hacer textos, montar exposiciones, pero también dar clases, pero también participar en conferencias y participar en revistas, vinculándose con la crítica, ¿no? Y, vaya, que todas estas formas que también son de alguna manera invisibilizadas, pues están del mismo modo precarizadas.

[Irmgard Emmelhainz]: Pero quién imaginan ustedes, por ejemplo, que tendrá que garantizar el sueldo a los trabajadores culturales, ¿Sería como el estado? ¿Sería la iniciativa privada? Y otra cosa que me llama la atención es que, como todas estas demandas de los derechos culturales y desprecarizar el trabajo cultural, etcétera, están centradas alrededor de condiciones de trabajo justas, ¿no? Y yo de ninguna manera estoy contra condiciones de trabajo justas ni del trabajo remunerado (y hay que mencionar que esto lo estamos haciendo gratis para el MUAC), pero todo está centrado en el individuo. No hay aquí ningún avisto como de plantear modelos de colectividad y de ayuda mutua. Entonces, yo la pregunta que les hago a ustedes es, ¿Cuál es el papel de un grupo, de una colectividad? Mencionaste Alma la palabra “clase”. ¿Qué entienden por eso? ¿Y quién se imaginan que tendría que garantizar a los trabajadores culturales esos derechos laborales y vivir más allá de la precariedad? Y seguro médico. ¿Quién nos va a dar un seguro médico?

[Alma Cardoso]: Parte, por ejemplo, de las acciones no que discutimos en Trabajadores del Arte de México y [Trabajadores del Arte] de América Latina tiene que ver, efectivamente, sobre las maneras de relacionarnos, desde quizás lo micro, con los posibles o los potenciales empleadores o colaboradores, ¿no? Es decir, que si yo trabajo en un espacio independiente, ¿no? Bueno, pues mi relación con las artistas y los artistas será construida desde ahí, desde esa relación micro, pero también reflexionando sobre cómo evitar precarizar el trabajo de nuestras propias compañeras y compañeros. Y eso pues, se puede articular desde reconocer y trabajar juntos por una pequeña remuneración, ¿no?, que también se acompaña de otras formas de economía. Por eso hace un momento yo también hablaba de lo importante que son pues los trabajos afectivos y de los cuidados; los artistas para existir requieren de un montón de trabajo efectivo, de una red grande que les ayude a sostenerse. Pero esa relación no es igual o no debería de ser igual cuando, pues, nos relacionamos con, por ejemplo, un museo grande o una gran galería o una gran editorial, ¿no? Ahí el trato, la construcción de un acuerdo, pues debería de ser también distinta. Es decir, que no es igual trabajar en una colectividad pequeña, que a tener una participación en un catálogo de gran envergadura. Y parte de la idea de la autonomía pues tiene que ver con eso, con juntas, construir acuerdos sobre propuestas de tarifas que, evidentemente, se revisan constantemente pero que en primer lugar lo que hacen es hacer ver a los trabajadores del arte, a los artistas, a los museógrafos, a todas las personas están involucradas, que no solamente se debe trabajar por visibilización, por ejemplo.

[Irmgard Emmelhainz]: Y sí, Alma, dices bueno tenemos una gran comunidad de afectos que sostiene todo nuestro trabajo artístico, sí puede ser, pero no tenemos… todo el sistema de Bellas Artes está centrado, para mal, en la idea del artista genio. Y no tenemos la experiencia de trabajar… no sabemos lo que es un cuarto de escritores, no sabemos lo que es un crew para filmar una película, entonces… y tampoco no tenemos como la frase como súper pegajosa que tienen los teatros, por ejemplo, y los bailarines de: “no vivimos del aplauso.” ¿Saben? O qué, nosotros qué vamos a decir, “¿No vivimos de nuestro ego?”

Cuando queramos o como queremos definirnos como trabajadores y no como creadores, para mi eso implica un deseo de subordinación y explotación, y no un deseo de libertad y de autonomía. Entonces, creemos que solucionar la precariedad laboral, a nivel gremio, con trabajo remunerado, nos va a liberar. Pero liberarnos es más bien atrincherar nuestra inserción, formalizar nuestra inserción en el mercado.

[Baby Solís]: Sí, algo que yo he notado mucho en las artistas jóvenes es justamente… o incluso personas que entregan sus proyectos, (y a mí eso se me hace muy rescatable y, de hecho, me da mucho gusto), que justamente me escriben como [para preguntarme]… ¿cómo puedo —aunque mi proyecto no tiene ninguna beca, no tiene ningún apoyo y es prácticamente independiente, y yo sé que aún tengo los medios suficientes—, cómo para hacerle yo para desde ahorita no empezar a involucrar a personas y hacerlas trabajar gratis? ¿No?

Yo sí noto que es una preocupación, incluso desde ahora empezar a hacer esto: cómo puedo desde un inicio pues no incurrir en estos modelos que, al fin y al cabo, nos afectan a todas. También algo que noto es que muchas comentan que sí les tocó en su formación profesoras para las cuales era prácticamente de mal gusto hablar de dinero cuando estabas produciendo arte. Y son cosas que, bueno, ya no se consideran, no se consideran normales y no creo que son súper conocidos los casos de las figuras que promovieron el mito de que el arte que valía la pena era el que se realizaba sin paga. Incluso, se llegó a decir, no sé si lo escucharon, eso de: “eres una vendida, si pensabas en el dinero al producir arte.” Y yo sí noto que en mi generación, y en generaciones más abajo sí, están hablando ya de todo aquello que la mayor parte del tiempo pues estuvo oculto o se consideraba insustancial o se consideraba prosaico, ¿no? Y otra discusión que veo muy presente en las artistas, ahora, y también en curadoras, críticas, museógrafas, etc., es que, obviamente el campo del arte no es este lugar tan plural, como siempre nos lo hicieron ver, ni este lugar de tanta libertad o variedad, ya que, pues obviamente, por cuestiones de género o de racialización o en, este caso, de clase, pues no todas las personas hemos podido participar en él, justamente, porque no todas podemos darnos el lujo de trabajar gratis. Y lo que decía Irmgard, de que las personas de teatro tienen como esta frase de, “no vivimos del aplauso”, yo creo que mi generación sí podría empezar a decir:

“No vivimos de la visibilidad.”

[Alma Cardoso]: Hay que cuestionar también cuál es son el mito, cuál es la creencia que tenemos acerca de los artistas y de su trabajo, porque parte de lo que hemos visto en Trabajadores del Arte… con el censo, el segundo censo que hemos hecho de Trabajadores del Arte de América Latina, y donde México también participó, pues es precisamente que, por ejemplo, más de la mitad de las personas que trabajan en el arte y que participaron en este censo (en el cual estuvieron casi 3 mil personas dando información) son mujeres, se identifican como mujeres. Sólo el 13% de los censados se desarrollan en una escena hegemónica o capital; el otro 97% admitió, bueno, sí tener algunos contactos con escenas capitales del arte pero, en realidad, pues viven en ciudades pequeñas, incluso en comunidades o en pueblos, ¿no? Y, definitivamente, ahí las relaciones de trabajo artístico… es distinta. Y un dato que a mí me pareció súper interesante: sólo el 12% de las personas censadas admitieron que el 100% de sus ingresos tienen que ver con algo relacionado con el arte. Es decir, hay personas que tienen trabajos que no tienen que ver con el arte ni con la cultura y de ahí financian los proyectos de arte que van, no sólo desde producir obras, sino también incluso por ejemplo de dar clases, de hacer talleres, actividades en espacios públicos, tener un taller de gráfica, ¿no? Es decir, las condiciones son verdaderamente tremendas.

[Baby Solís]: Bueno, otra cosa que se me hace, pues sí, clave para las personas jóvenes que se están dedicando al arte, es eso, entender que nadie les está haciendo un favor ni dándoles una oportunidad, es una relación mutua, y ambas… el medio, la galería, el museo, se beneficia de tu trabajo y tu también te beneficias de estar ahí, ¿no? No te están haciendo un favor. Y bueno, pues creo que estas conversaciones tienen que continuar, así como durante muchísimo tiempo estuvo esa idea de que: “la creación se hacía despegada de condiciones materiales y que incluso era de mal gusto hablar de dinero.” Y, bueno, creo que yo cerraría con eso.

[Irmgard Emmelhainz]: Sí somos una clase trabajadora precaria pero también somos gente que nos identificamos dentro de cierto grupo. Entonces, para identificarnos como parte de esta clase, necesitamos detentar cualidades culturales: cómo hablas, cómo te comportas, cuáles son tus valores, cuáles son tus referencias… Entonces, para mí esta captura identitaria neutraliza justo la conciencia de clase y al no poder… si nos viéramos como clase, nos veríamos como una clase media, otra vez que no tiene representación en este gobierno, y nos veríamos como una clase que está en la misma situación que doctores profesores, científicos… Sí. ¿Cómo podemos pensar en un colectivo? Se me olvida cómo se llama el proyecto, pero lo hizo Plinio Ávila con un colectivo de gráfica y se reunieron un grupo de artistas y juntaban a gente que no eran coleccionistas pero querían gastar en arte (que no eran coleccionistas serios pero querían tener cinco cuadritos en su casa) y les daban cien mil pesos, y les daban cinco obras que habían hecho los artistas del colectivo a lo largo del año. Y así me parece una forma súper buena y efectiva de asegurarse que las condiciones de… Ah, Panik, gracias Panik… O, por ejemplo, Las Invasorixs que todas conocemos, que se ocupan de los trabajos de cuidado y del trabajo colectivo. Y ese como experimento me parece súper valioso, lo que hacen Las Invasorixs. Entonces, desde como yo lo veo, yo necesito hacer otro trabajo que no tenga que ver con la creación para poder sustentar mi creación. Entonces, creo que actualmente no tenemos las condiciones para realizar trabajo creativo que no esté sujeto a los intereses del capital. Y yo les digo, yo tengo que sustentar mi propia práctica creativa haciendo otras cosas, por ejemplo, traducción legal, lo crean o no. Y nos enfrentamos a paradojas de cuántos libros tendría yo que publicar al año para poder pagar mi renta todo el año. O sea, creo que con lo que vendo un libro, son 35 mil pesos, y a la mejor son mis gastos de mes y medio, lo puedo estirar a dos pero no más. ¿Cuántos libros tendría que hacer? Entonces, yo creo que actualmente el trabajo creativo en las condiciones en que estamos es un acto de resistencia.

Punto Ciego

[Pista musical]: Chapultepec es un escándalo, no es prioridad, es un escándalo…“Chapultepec es un escándalo” interpretada por Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte en México.

Punto Ciego

[Habla Nuria Sadurní]: Los que trabajamos en el ámbito cultural en este país hemos ido normalizando la falta de presupuesto y remuneración. Porque siempre tenemos el compromiso y la certeza de que el arte transforma, visibiliza, problematiza y porque hace sociedades más críticas y empáticas. Y siempre encontramos la forma de justificar y encontrar redes de apoyo, muchas veces, incluso, con la familia o con los amigos, todo para poder sacar el trabajo, a pesar de las instituciones pero llega un momento en que esto ya no es sostenible. Ni es ni debe de ser. En diciembre se venció mi contrato, junto con la mayor parte de mis compañeros, en la Secretaría de Cultura y nos contrataron por Capítulo 3000, que como sabemos tarda por lo menos tres meses en hacer el primer pago. Bueno, yo conozco gente que ha tardado hasta 6 meses o más en cobrar, tenemos el caso de #PagameINBA, por ejemplo, o el caso del INAH. Y entre los papeles que exigen las autoridades para poder hacer los trámites, además, está la carta 32-D, es decir, tienes que demostrar que estás al día en el pago de tus impuestos, porque si debes algo no te contratan. Y, por supuesto, yo entiendo a la perfección la importancia de pagar impuestos pero me parece inaudito que a los servidores públicos se nos exija el cumplimiento puntual y absoluto en todo y a cambio se espere… pues un trabajo sin prestaciones, sin remuneraciones, además por tiempos indefinidos. Y siento que a lo largo de estos meses hemos sido víctima, no sólo de la perversidad de un sistema, que es la peor de las formas capitalistas, sino de la propia autoexplotación. Porque, cuáles son nuestras opciones: lo que yo estoy viviendo es una disminución de calidad de vida, porque esto lleva a la precarización, a aceptar condiciones cada vez más inciertas, con menos remuneración en relación a la carga de trabajo y esto se traduce en grandes dosis de estrés, de incertidumbre, en una reducción de expectativas y, finalmente, de visión de futuro. Y esta extensión no explícita de la jornada laboral para mí es una especie de coerción ejercida por el sistema. Pareciera que ser servidor público de la cultura implica renunciar a tener una vida propia y a los derechos laborales más básicos y así pues no se puede construir futuro ni comunidad.

[Habla Invitadx anónimx]: La precariedad del trabajador cultural en un museo de alto renombre implica la constante lucha interna entre el saber que te encuentras en un lugar con proyectos increíbles (y tienes la oportunidad de ser partícipe de ellos), pero a un alto precio: vivir constantemente desde la invisibilidad, contratado o no contratado, porque ni a eso llegamos. Implicado desde afuera, trabajando de forma tan regular e intensa, que alguien que sí tiene un contrato pero sin los beneficios que esto representa: no seguridad social, no formalidad de pagos, cero prestaciones y una presencia ambigua que se encrudece día con día.

Pareciera que vivir de la cultura en México sigue acompañada de la idea romántica de hacer las cosas por amor al arte; a los proyectos, a las personas que conducen las instituciones y, por qué no, a las mismas piezas de arte que son exhibidas en dichos recintos culturales.

Es irónico pensar que las obras que habitan temporalmente los museos, de alguna manera, tienen más garantías y protecciones sociales que algunos de sus trabajadores que hacen posible su estancia dentro de estos: seguros de traslados, seguros por daños o pérdidas, documentos probatorios, tanto de ingresos como de salida de la institución. Contratos. Básicamente se les da un estatuto de reconocimiento, del que algunos trabajadores carecemos.

Estos espacios blancos e inocuos se convierten en campos de batalla en lo que los individuos que se encargan de generar campos simbólicos de conocimiento, de reconocimiento y de sensibilidad, en torno a la importancia de la exhibición del arte en la sociedad, libran luchas constantes para adquirir y sostener derechos laborales básicos. Parece injusto que estas instituciones dentro de su estructura vulneren, violenten, reconozcan a los agentes que hacen posible su operación cotidiana.

Créditos

Agradecemos a María Minera, Irmgard Emmelhainz, la Baby Solís, Nuria Sadurní y Alma Cardoso en representación de Trabajadores de Arte América Latina y México.

Fragmento de la canción “El favorcito” interpretada por la Muchacha y “Chapultepec es un escándalo” interpretada por Movimiento Colectivo por la Cultura y el Arte en México.

Logística y asistencia de producción, Mariana Camargo, Carolina Condés y Daniela Merediz

Presentación y cierre por Joana Palomino

Gestión de Medios: Ana Cristina Sol

Revisión editorial: Vanessa López

Asesoría de contenido: Ekaterina Álvarez

Idea, locución, guion y producción por Sol Henaro y Virginia Roy

La presencia sonora de este podcast es cortesía de Arcángelo Constantini, bacteria.org.

Revisa nuestro hashtag #MUACdondeEstés y consulta nuestra programación en muac.unam.mx programas/podcast así como en nuestras plataformas digitales.

Punto Ciego

Un podcast MUAC, CulturaUNAM

[FIN]

Semblanzas

Semblanzas de las participantes

Baby Solís es Maestra en Arte, Análisis y Decodificación de la Imagen Visual. Se dedica a la divulgación a través del proyecto Obras de Arte Comentadas.

Irmgard Emmelhainz imparte regularmente seminarios y conferencias en instituciones de talla internacional. La versión expandida de La tiranía del sentido común: la reconversión neoliberal de México, sale publicada en inglés con SUNY (noviembre 2021), al igual que Toxic Loves, Impossible Futures: Feminist Lives as Resistance (Vanderbilt).

Alma Cardoso Investiga el trabajo artístico, la teoría feminista de la reproducción social y los procesos curatoriales del Sur. Colabora regularmente con las revistas Klastos y Entkünstung. Coordina la licenciatura en Arte Contemporáneo y la maestría en Gestión Cultural en la Universidad Iberoamericana Puebla. Es miembro del Consejo de Trabajadores del Arte Contemporáneo Sección México.

Punto ciego

Los objetos están más cerca de lo que parece, un punto ciego ocurre cuando no podemos percibir lo que está cerca de nosotros: es la zona que nos impide ver partículas flotantes y acontecimientos que nos interpelan. Desde el arte contemporáneo, este espacio sonoro busca amplificar voces y enfatizar realidades con las que convivimos. Cada episodio es un diálogo sobre cómo el arte responde a determinadas coyunturas culturales, sociales y políticas, mediante procesos de trabajo, investigación artística y otros modos de extender las prácticas actuales.

Virginia Roy y Sol Henaro

Virginia Roy y Sol Henaro

Anfitrionas

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