Punto ciego 7: Agua

Los excesos y las decisiones que ha tomado la humanidad presentan el cambio climático como una realidad urgente. La crisis ligada al agua va en aumento, ocasionada por transformaciones y tensiones entre el medio ambiente y la industria, además de las lógicas neoliberales que consideran a este líquido como un objeto de especulación.

La disputa por el agua es motivo de despojos territoriales, asesinatos de activistas y afectaciones a comunidades, y deben entenderse como una violencia generalizada en contra de la vida misma. Carolina Caycedo, Antonio Monroy y Adriana Salazar comparten sus reflexiones en torno a esta situación y la justicia ambiental: la relación con el ritual, lo micro y lo macro político, lo simbólico, la relación con comunidades específicas y el quehacer artístico como forma de mediación, denuncia y participación directa en un debate que nos concierne a todas las personas.

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  • Anfitrionas: Virginnia Roy y Sol Henaro
  • Episodio: 7
  • Duración: 38:04
  • Etiquetas: #agua, #minería, #desterritorialización, #despojo, #descolonización, #desterritorialización, #HuellaHídrica, #presas, #represas, #ríos, #fracking

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Punto Ciego

Anfitrionas: Sol Henaro / Virginia Roy

Capítulo 7: Agua

Invitadxs: Yásnaya Aguilar, Antonio Monroy, Carolina Caycedo y Adriana Salazar

Rúbrica:

Houston tenemos un problema, hay un descenso de presión a la entrada de nuestro nervio óptico. No vemos el planeta, necesitamos mayor claridad.

Punto ciego, los objetos están más cerca de lo que parecen.

Una deriva sonora sobre temas urgentes en el cruce del arte contemporáneo, con entrega mensual, Sol Henaro y Virginia Roy, curadoras del MUAC, te dan la bienvenida.

Punto ciego, un podcast MUAC, CulturaUNAM.

[Habla Virginia Roy]: La crisis ligada al agua ha aumentado en los últimos años, ya sea por transformaciones hídricas o por la lógica neoliberal que considera el agua como un bien capital, objeto de especulación, siguiendo la tensión medioambiente versus industria.

La disputa es motivo de despojos territoriales, asesinatos de activistas y afectaciones a comunidades, lo que debe entenderse como violencia generalizada en contra de la vida.

Yásnaya Aguilar, lxs artistas Carolina Caycedo, Antonio Monroy y Adriana Salazar comparten sus reflexiones en torno al agua y la justicia ambiental, la relación con lo ritual y lo simbólico, el vínculo con comunidades específicas y el quehacer artístico, en tanto mediación, denuncia y participación directa de un debate que nos concierne a todxs.

[Habla Yásnaya Aguilar]: El agua es un asunto fundamental, sobre todo en un contexto en el que estamos ante una emergencia climática que va a cambiar muchísimos aspectos de nuestra vida. Lamentablemente esta crisis climática es producto de un sistema de producción, del sistema capitalista, que pretende poder convertir la naturaleza en mercancía ad infinitum, aun cuando los recursos, como los llaman, son finitos. Y esto ha provocado un cambio en el clima del planeta. En ese contexto el agua es fundamental porque, me parece que: uno, es vital para la vida, sin agua no hay posibilidad para la vida humana. Y otro, para la generación del agua, para que podamos tener agua potable y agua dulce, interviene un ciclo complejo que da cuenta de que los sistemas naturales, no son discretos o no tienen que ver con un solo territorio, sino con un sistema complejo. Para que haya agua se necesitan los océanos, se necesita de los bosques, se necesita del cielo y se necesita del subsuelo. El ciclo del agua es la evidencia de que todo está interconectado. No es posible, hasta ahora, no se ha producido agua, en grandes cantidades, para consumo humano en un laboratorio. Nadie ha podido producir agua. El agua no se manufactura, sin embargo se vende, y eso es lo que es terrible. ¿Cómo algo que es un bien común es privatizado por algunos, sólo porque pueden, para su venta?

En México, por ejemplo, se supone que el agua es un bien del Estado, también de los pueblos los indígenas, pero esto ha sido condicionado, y en las concesiones… para dárselas a grandes, por ejemplo, empresas refresqueras, que van a embotellar agua pero también van a utilizar.

Entonces, por ejemplo, cada producto manufacturado por el capitalismo va a tener una huella hídrica, ¿no? Entonces, por ejemplo, para poder tener cierta cantidad de refresco, un litro de refresco, se necesitan muchos litros de agua, y estos luego son vendidos como mercancías privadas. Y, en ese sentido, aparte de que hay una sequía que va a estar acrecentada por la emergencia climática, como han dicho ya varios movimientos sociales, “no es sequía sino saqueo.” Es decir, también se está saqueando el agua para convertirla en algo que no es, que es la mercancía. Es un bien común, que para su creación se necesita de un proceso muy complejo en donde intervienen muchos ecosistemas. Pero, lamentablemente, se privatiza desde el poder, porque se puede, no es que una persona tenga muchos más derechos sobre el agua que otra, sino que debería ser para todas las personas. Y es un derecho humano básico que lamentablemente está atravesado por el mercado y por el saqueo.

Fragmento sonoro de “Por el Agua”, interpretada por No te va a gustar.

Punto Ciego

[Habla Carolina Caycedo]: Hola, yo soy Carolina Caycedo, soy artista colombiana residente en Los Ángeles, mi cuerpo de trabajo en la última década, examina las afectaciones de grandes infraestructuras hidroeléctricas o represes de tipo mineros, las afectaciones que tiene sobre cuerpos sociales y cuerpos de agua.

[Habla Adriana Salazar]: Hola a todas, todos, todxs, ni nombre es Adriana Salazar, soy artista también originaria de Colombia, mexicana de adopción y resido en la Ciudad de México, desde hace siete años. Y desde que vivo en territorio mexicano, he volcado mi trabajo sobre las interrelaciones que hay entre el agua, los-las habitantes de ciudad, las comunidades que la defienden, los territorios de más vidas que son extraídas y extraídos por el desvió y desagüe de los cuerpos de agua, sobre todo en el centro de México. Y, más recientemente, me he ocupado de proyectos que buscan articular voces y luchas diversas, en relación a las crisis del agua en la Ciudad de México.

[Habla Antonio Monroy]: Hooola. Muchas gracias por la invitación, soy Antonio Monroy, un artista mexicano. Vivo y trabajo alrededor de la Ciudad de México. Me interesa mucho en mi práctica, desde hace diez años, aproximarme a la cosmogonía mesoamericana en torno al agua, y a todas las manifestaciones rituales que permiten la construcción y defensa del territorio, a partir de ello. Y, actualmente, codirijo la Bienal Tlatelolca, junto a Balam Bartolomé, en la que, digamos, trabajamos en el sitio específico de Tlatelolco pero, además, la construcción territorial que ha tenido este lugar y todas las aristas que le atraviesan a la historia oficial.

[Carolina Caycedo]: Llevo un poco más de una década trabajando cuestiones del agua, sobre todo, en diferentes regiones de las Américas. Pienso que el cuerpo de trabajo que se llama en español “represa”/“represión”, precisamente jugando con la etimología compartida de estas dos palabras, funciona como una constelación de trabajos que están conectados entre sí, pero que también tienen vida propia. Pero, definitivamente, pienso que la manera en que trabajo y enlazo, y estos, digamos, publicaciones, esculturas, videos, acciones con comunidades, textos, sí conforman esta gran trenza que, además, va para atrás y para adelante en el tiempo.

Me gusta pensar y generar proyectos que son abiertos, que no tienen un fin definido, sino que pueden alimentar proyectos en el futuro o en otras geografías. Y, un poco, la metodología funciona como casos de estudio y hacer trabajo de campo, en diferentes regiones y con comunidades afectadas por represas o por otras infraestructuras de agua; y teniendo en cuenta cuáles son las necesidades de esas comunidades, en ese momento, y qué puedo yo aportar como artista visual. Pues que, digamos, las herramientas que tengo y los conocimientos que tengo consisten más en la construcción de imagen y en la deconstrucción de imágenes opresivas. Porque claro, también hay imágenes opresivas que vienen desde las empresas, las industrias, las administraciones de turno, pues que nos llenan de mentiras, como: “Ah, la energía hidroeléctrica es una buena energía o es una energía limpia.” Cuando sabemos que realmente los costos socio-ambientales de una gran hidroeléctrica son gravísimos, tanto para el ambiente y el ecosistema del lugar… Pero, mi punto de entrada, al investigar esto fue que me enteré que en el río Magdalena o el río Yuma, como se le conoce en una parte del río, en su parte alta, que es el río más importante de Colombia. Nace en el sur, en los Andes colombianos y fluye hacia el norte, hasta el mar Caribe, pues iban a construir una gran represa llamada el Quimbo, ya está construida, ya está generando electricidad… y eso, pues yo no entendía, no tenía la capacidad de entender cómo podían desviar un río para construir esta gran represa. Sobre todo porque había vivido, en mis años de adolescencia, en una ciudad ribereña, en el río, no era exactamente donde se construyó la represa; un poco más al norte, hacia una ciudad que se llama Girardot, y pues en ese punto del río, que se llama el codo de Girardot, es bastante ancho y no cabía en mi cabeza.... Poco sabía que ya había otra represa y esta segunda represa es parte de un plan maestro del río Magdalena que contempla 17 represas y, luego, el dragado de su parte baja para hacer una hidrovía y sacar petróleo y carbón.

[Antonio Monroy]: Bueno, mi trabajo desde hace… igual que Carolina, casi hace 10 años, se ha visto afectado por mi involucramiento en ceremonias de peticiones de lluvia, en el Nevado de Toluca, en el Xinantécatl. Y con ello mi participación dentro de estas ceremonias me llevó a involucrarme de alguna manera, más cercana, con comunidades indígenas. Mi padre es de origen de Mazahua y esto me permitía un involucramiento, un poco más cercano, aunque he crecido en la ciudad. Y, con ello, a partir de la recategorización del Nevado de Toluca me aproximé más a las transformaciones [hídricas] que ha tenido el territorio del Estado de México y su relación con Ciudad de México. Y, a partir de ello, en 2017 desarrollé la obra Idolatría y hechicería. Primera acción para la defensa del territorio, en la que a partir de una figura que retomo del culto mesoamericano al agua, “los graniceros” o “tiemperos”, desarrollamos una acción ritual que nos permitía, en conjunto, bendecir al territorio, apelando a los espíritus guardianes y protectores de la montaña, para protegerle y de esa manera, a modo de documentación-fricción, poder volver a inundar la cuenca del valle.

Esta cuenca se alimenta de los volcanes, las montañas y que son puntos “de atracción”, uno de ellos y, al menos, el principal para el lado poniente es el río Lerma, que nace y se alimenta también desde el Nevado de Toluca. Esta gran fuente ha sido, desde los años 60 y 70, sumamente contaminada por las grandes industrias automotrices. Es el río más grande del país pero, además, el más contaminado.

Claro, donde hay agua hay capital y este capital permite la especulación y con la especulación, la minería y la contaminación. El poder tener agua en un departamento en Ciudad de México o en una casa, eso trae consigo que algún pueblo esté quedándose sin sus manantiales o sin los bosques. Y, desde ese sentido, para mí la construcción mesoamericana en los rituales en torno al agua ha sido fundamental para entender la presencia de este elemento, no como algo ajeno, como lo plantea la biología o las ciencias naturales, sino algo de lo que somos parte, ¿no? Algo con lo que habitamos y que es una deidad o una entidad sagrada.

[Adriana Salazar]: Yo me sitúo desde su punto de vista, muy parcial y concreto, que es aquel de una persona de ciudad, que habita en ciudad y que, de cierta manera, por esa razón contribuye de maneras indirectas pues a esos procesos de despojo, de desagüe, de desvío de los cauces de los ríos, de “disecación” de los lechos de los lagos y desde ahí parte mi práctica como de asumir de una manera, lo más autocrítica posible, con miras a una deconstrucción también y a una articulación con quienes defienden, con el cuerpo, las aguas. Pues parto, es decir, de esa postura pues también de esa situación de vida, de quien, además, vive en una ciudad con unos problemas de sostenibilidad hídrica bastante serios, en muchos sentidos. No sólo por el problema del abastecimiento y, como lo señalaba Antonio, del despojo que esas fuentes de abastecimiento generan, los costos altos, que no sólo son monetarios, políticos sino también ambientales y sociales, incluso espirituales para muchas comunidades. Pero que, pues también tienen que ver con ese retorno de las aguas lacustres, que siempre intentan converger a las partes bajas y, en sentido, generan inundaciones y otros fenómenos que afectan a comunidades humanas y más que humanas. Entonces, desde ahí parte mi práctica, desde ese lugar.

Más que de proyectos voy hablar como de situaciones, en ese sentido, y me voy a referir a… una serie de proyectos que agrupé bajo la sombrilla de este gran nombre Todo lo vivo, todo lo muerto: el lago de Texcoco, pensando en que estas ideas de lo vivo y lo muerto es importante y necesario desdibujarlas y resignificarlas, es decir, cuando hablamos de las cosas vivas, hablamos de las cosas que tienen agencia, cuando hablamos de las cosas muertas hablamos de aquello que está susceptible a ser dispuesto, que se puede mover, que se puede quitar, que se puede usar; y el agua, en el contexto amplio del Valle de México que está formado por diferentes cuencas, desde la política pública se ve de esa manera y las consecuencias pues son muy antiguas, pero pues son muy actuales y muy profundas, entonces como de esa distinción entre lo vivo y lo muerto, entre lo vivo y lo inerte, entre lo vivo y lo inanimado se funda pues todo lo que he hecho en los últimos años.

[Carolina Caycedo]: Quería… también hablar como de esos impulsos virtuales, animistas, espirituales… que conectan el trabajo de los tres y que me que sobresalen en el trabajo de Antonio y Adriana. Y sí, como esa intuición… por lo menos en mi trabajo, digo, como algo bien intuitivo a la hora de tomar decisiones formales pero, también, a la hora de acercarme con quien trabajo y con quien colaboro. Y pienso que todo este peso de represa/ represión o de ir mirando, Desde el fondo del río, también es eso, ha sido un proceso de aprendizaje para mí también, para reposicionarme de manera fluida, o sea, de reposicionarme cuantas veces sea necesario también, como mi condición de migrante, también en este país, con privilegios de la persona, que también siento que funciona como un puente entre comunidades de Latinoamérica y comunidades latinxs, aquí en Estados Unidos, donde vivo ahora.

Encuentro que las colaboraciones más fructíferas no son precisamente con gente de la academia o con gente de disciplinas establecidas, sino precisamente con gente que han sido históricamente excluidos de estas narrativas más científicas, porque tienen otro tipo de conocimientos; comunidades o gente que son parte de comunidades indígenas; personas que son parte de comunidades pescadoras, mineras, artesanales, campesinas y que, normalmente, han sido ignorados estos conocimientos y que siguen siendo ignorados. Son como conocimientos incorporados que son a través del cuerpo que se manifiestan ¿no? A la hora de tirar una tarraya, por ejemplo, que está súper presente en mi trabajo. Digamos, todo el aspecto desde tejer una tarraya hasta tirar una red de pesca.

Entonces, eso me ha llevado a colaborar cercanamente con una coreógrafa y un grupo de bailarines específicos, porque tienen ese conocimiento del cuerpo para llevar a cabo y activar piezas más escultóricas; o como el Río-Serpiente, que es una publicación que funciona como un río maleable… que yo sólo, sí he hecho performance pero no tengo esta sofisticación del uso del cuerpo coreográfico, como lo puede tener alguien que ha entrenado el baile. Entonces, ahí, mi colaboradora Marina Magalhães es una coreógrafa brasileña que vive en Los Ángeles y que tenemos también una historia de vida parecida, como personas que tienen raíces en diferentes partes del mundo. Entonces eso ha sido bastante fructífero para mí.

Siento que mucho de mi trabajo funciona como en un plano de activismo visual que es muy necesario, porque al final hay un régimen de las imágenes que es bastante opresivo, y lo saben bien en México, con las grandes cadenas mediáticas, en relación al gobierno, como las hay en Brasil. Entonces creo que desde las artes visuales hay una posibilidad bastante grande de generar contra-narrativas y contras-imágenes. Y creo que también hay una crisis de la imaginación y, también, en esa guerra y en esa crisis de la imaginación, en esas batallas, de las contra-narrativas los artistas tenemos mucho que aportar también. Incluso a las comunidades mismas que están en las luchas de frente, que todos estamos sufriendo esta crisis de la imaginación. Y, en la lucha, estar en la línea de frente es bastante desgastante.

[Antonio Monroy]: Esta gran coincidencia con Adriana y Carolina es fundamental porque también para mí Colombia… en 2017 que estuve allá, por una residencia, el planteamiento que tenía era desarrollar una especie de herbolario con una comunidad indígena desplazada en Bogotá. Y, en ese impedimento, por toda la burocracia institucional, me fue muy trascendente también para entender cómo me involucro con las comunidades, y cómo es que la figura del arte, en el aparato cultura institucional y, especialmente, la figura del artista, que carga con un cierto poder, y este poder es importante saber cómo ejercerlo para que no resulte, de alguna manera, extractivista sobre estos mismos pueblos que ya están sufriendo los despojos.

Normalmente mi aproximación es al planteamiento de una imagen y esta imagen la converso con los participantes, en el sitio que me parece es pertinente, a través de una lectura que estoy haciendo sobre los movimientos sociales y la problemática contemporánea del despojo. Y desde ese sentido procuro o procuramos la construcción conjunta. Y quiero volver al ejemplo de esta pieza de Idolatría y hechicería en la que mi propuesta era generar una nube de humo de copal, en conjunto, y que con eso se llamase a la lluvia. Y el planteamiento, con las dos comunidades en oriente y poniente, de San Francisco Xochicuautla y hacia Texcoco (que hubo varios pueblos implicados), apelamos a esta figura del “granicero” que estudié desde la antropología y la arqueología, para entenderlo también hacia el momento presente, como un personaje que está mediando ante el mal tiempo, ante un tiempo meteorológico adverso pero que, también, puede ser un tiempo adverso social. Y en ese sentido la propuesta fue llamar a la lluvia para volver a inundar la cuenca y, de esa manera, frenar los proyectos que estaban despojando a los territorios.

El arte indígena o la práctica indígena, en torno al arte, como lo entendemos, siempre es contemporánea y por eso insistí en este entrecruce de elementos míticos, con elementos de la vida cotidiana.

[Adriana Salazar]: Me interesa, sobre todo, tal vez, poner en tención algo que yo creo que a la raíz es problemático, que es esa relación entre ética y estética, que se opone a la base cómo y por qué, y eso no siempre es evidente, porque eso no siempre implica no sólo la producción de imágenes o cuerpos de trabajo, sea cual sea su forma; sino el cómo se producen, desde dónde se producen, con qué materiales se producen, con quiénes se producen y, también, su destino, que es algo en lo que también me he enfocado mucho, que sea coherente en todo el trayecto, desde el principio al fin.

En el Museo Animista [del Lago Texcoco], por ejemplo, había una preocupación muy fuerte desde el inicio, desde el ejercicio, por ejemplo, de recolección de materiales, en relación, a qué es pertinente recoger y que no; y si eso que yo recojo me pertenece o no y por qué. Y, digamos, que ese para mí fue el detonante de los procesos de colaboración, entendiendo, justamente, pues que eso no era mío; tanto los materiales como el suelo al que pertenecían, como el contexto que los enmarcaba no era mío y que necesitaban ser comprendidos desde diferentes lados y articulando saberes, más que asumiendo, digamos, una postura unívoca. Y descubrí que a raíz de una reactivación, de un megaproyecto, que a la raíz tiene un afán de desarrollo inmobiliario y expansión de la ciudad, en la región Oriental del Estado de México, donde antes estaba el lecho del lago.

Entonces, a raíz de la reactivación de estos proyectos se reactivaron las luchas sociales. Aunque quienes están desde hace ya 20 años… de he hecho este año se cumplen 20 años de las luchas por la tierra, en particular en el estado de Atenco, en octubre. O sea, estamos en el mes del aniversario. Pues ellos lo ven como un continuo, desde que iniciaron los despojos de tierra en 2001, pero a la luz pública esto se vio como una reactivación que comenzó, más o menos, como en 2014 o 2015. Y a raíz de eso, como que la academia se volcó desde diferentes frentes a estudiar los fenómenos de disecación del lago, de desarrollo inmobiliario, pero también de desaparición de alarmas ecológicas que estaban surgiendo en la región, de crisis hídricas, etcétera. Ahí descubrí que había mucha gente investigando el mismo territorio pero desde diferentes perspectivas, que estábamos viendo lo mismo pero de modo distinto. Y fue muy interesante también soltar el tema de la pertenencia de la propiedad sobre unos materiales, para verlo, más bien, como un aporte a un cuerpo de conocimiento colectivo, que se estaba generando entre muchxs y en ese proceso empezamos simplemente a conversar, a compartir hallazgos, unirnos en foros, aportar en las investigaciones de lxs unxs y lxs otrxs; desde la geografía, desde la antropología, desde las ciencias ambientales.

Empecé a entender también que la defensa del territorio trae saberes muchísimo más importantes, en el sentido en el que están poniendo el cuerpo para defender la vida; no sólo de estas comunidades sino también, lo descubro, de nosotrxs quienes habitamos en la ciudad, porque si el agua desaparecía allá pues desaparece acá. Si las aves se van, si las plantas mueren, si la temperatura no se mantiene por la humedad que garantizan estos cuerpos de agua, pues también quienes vivimos en la ciudad sufrimos. Entonces, ese conocimiento, ese saber o esos saberes de la tierra, de la defensa de la tierra, pues son fundamentales.

[Carolina Caycedo]: Como parte de mi práctica y cuando hago trabajo con comunidades hay piezas que son una colaboración con la comunidad y, siento, que todo es un trabajo colaborativo, ¿verdad? Pero hay piezas que no tienen traducción dentro del cubo blanco ni trabajo ni me interesa imprimir esa imagen, enmarcarla o ponerla en un museo o ponerla a la venta. Y que existen así imágenes sin autoría que pueden ser utilizadas por la comunidad misma, con la que se hicieron o por cualquier persona que dé el crédito apropiado de quién hizo la imagen o cómo se hizo, dónde se hizo. Entonces sí trato de tener un cuidado con eso, de que esas piezas que son, lo que denominamos “geo-coreografías”, que son estas piezas donde escribimos con los cuerpos y se toma una foto sobre un territorio específico, digamos, de no tratar de traducirlas a un cubo blanco o a un museo o a un espacio institucional, porque son simplemente acciones comunitarias y en colectivo, ¿no? Son como la conformación de este cuerpo colectivo temporal. Denomino el trabajo de campo que hago como un trabajo de campo espiritual, también que más que tomar una posición objetiva y alejada de lo que se está estudiando, es todo lo contrario, yo creo que lo que busco es implicarme y comprometerme, precisamente, con eso de lo que estoy aprendiendo y de lo que estoy observando y estudiando y relacionándome. Y no sólo con las personas de esa comunidad sino con las otras entidades humanas y no-humanas que existen dentro de… con los ancestros, con las personas que han de venir también.

[Antonio Monroy]: A mí, igual que a Carolina y a Adriana, este trabajo con el territorio me ha… especialmente ahora que he salió de la Ciudad de México para ir a vivir a Amatlán de Quetzalcóatl, en Morelos, la presencia del agua ha sido muy fuerte porque, digamos, el cambio radical para llegar a lo rural y vivir de una manera más frontal la escasez o la presencia del agua me ha transformado completamente también mi percepción. Es decir, aunque, los proyectos, de alguna manera, que desarrollaba con estas comunidades se hacían en espacios ruralmente urbanizados, el agua se mantenía, de alguna manera, potable y en el caso mío, ahora, en donde el sistema de captación es pluvial y la presencia del agua, a través del río, que se contamina, dependiendo la presencia humana, y desaparece, en relación al temporal de lluvias lo hace a uno más presente. Y con eso también quiero apuntar al trabajo, como lo mencionaban, sobre la importancia de los relatos o la importancia de la tradición oral que ha constituido, digamos, una cosmogonía y que, después, las ciencias sociales retoman para dar un planteamiento, de alguna manera, más científico.

[Carolina Caycedo]: El agua en cada lugar tiene su especificidad y eso… entonces caeríamos como en una estructura que ya caímos, que es el modernismo, que es tratar de entender todo desde lo macro y no se puede entender ni buscar soluciones a las crisis ambientales desde lo macro. Que son las soluciones falsas que proponen en las COPs [Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático], que viene ya la de Glasgow ahorita y nos van a entregar otros paquetes de soluciones falsas, que no sirven para nada.

Hay que enraizarse y ubicarse en lo micro y en lo local y sí, generar conexiones hemisféricas, de acuerdo, porque es obvio que son las mismas transnacionales que están explotando el oro, el carbón, el petróleo y son los mismos capitales, ¿verdad? En ese sentido, sí podemos ver algo macro pero, sabes, la solución y el efecto de la sequía que tenemos en Los Ángeles es bien diferente a la sequía que tal vez estaba en Morelos o que hay en la Ciudad de México y, entonces, para mí es difícil entenderlo desde lo macro.

Lo que sí pienso, y que está sucediendo ahora, a diferencia de hace 10 o 15 años, es que las luchas desde las localidades están haciendo un esfuerzo y entendiendo que somos más los que queremos un cambio y los que entendemos que este sistema es un sistema de muerte y que necesitamos conectar estas proposiciones de vida que están sucediendo a nivel local y de manera hemisférica, incluso planetaria. En ese momento también estamos entendiendo que la crisis climática pues está totalmente asociada al racismo… sabes, creo que hay un momento, y que es muy interesante, del trabajo de Adriana con conjuros del agua que vio en esa necesidad de conectar estos estudios, estas disciplinas que están viéndolo todo desde diferentes, digamos, cajones y viendo cómo se puede alimentar y retroalimentar la una a la otra.

[Antonio Monroy]: Coincido en que el daño de la globalización lo estamos viviendo ahora y pensar las problemáticas de manera global no puede serlo, porque nos apunta a que cada problemática local y cada concepción del espacio es distinta y, en ese sentido, el fortalecimiento de las cosmogonías, de las concepciones, ¿no? Cuando yo me refiero a la cosmogonía mesoamericana, también la concepción de Mesoamérica es siempre relativa, no solamente como la zona central de América sino que podemos ver manifestaciones de pueblos oaxaqueños en Los Ángeles, entonces vemos que la cosmogonía, entonces, se amplía y es diversa, y desde ese canal creo que es importante considerar quién, entonces, tiene la capacidad de enunciar las muertes, las desapariciones y reconocerlas y de protegerlas. No es lo mismo, no surge el mismo reconocimiento que un pueblo o una comunidad esté denunciando la desaparición de su mantos acuíferos, en Coyoacán, a no sé, las luchas en Puebla, o en India. Cada una es distinta y necesita su reconocimiento.

[Adriana Salazar]: Suscribo en la necesidad también de afirmar lo local, porque ahí es donde realmente se gesta la defensa de la vida. Sin embargo, yo creo que es también importante reconocer que las fronteras son construcciones históricas y, además, creadas por necesidades políticas y de control, también de los mismos recursos que quedan dentro de estas fronteras, pero también históricas en el sentido que Carolina lo señalaba, que son dispositivos coloniales también de fracturas de pueblos que antes ocupaban continuos y de los mismos cuerpos de agua de los que estamos hablando, que en realidad no se cortan porque haya una frontera que los atraviese, sino que fluyen a través y, en ese sentido, podríamos hablar del Aby Yala o América, según quien lo enuncie, como un único territorio en el que lo que sucede al sur, realmente por el transcurrir de los vientos y las corrientes marinas y otros fenómenos, pues afecta a lo que sucede en el norte, y viceversa. Entonces, en escala pequeña, no tal vez micro ni local, sino pequeña, eso para mí ha sido muy claro, lo que sucede, por ejemplo, en el Valle de México, como un territorio en el que Ciudad de México y todo lo que está afuera se separan por una frontera política pero, en realidad, las aguas se desbordan y desbordan esas fronteras, en ambos sentidos. Entonces, eso como para simplemente sumar a esta discusión sobre lo local y lo global; que lo global también es una construcción que es necesario desarmar.

Para mí el entrar en contacto con estos, no sé, con estas situaciones, porque no son sólo problemas, sino como que son situaciones que están enredadas con nuestras vidas de diferentes maneras biográficas y otras, pues a mí me ha confrontado esa idea, que tal vez tenía antes, de que la práctica artística podía ser autónoma, de la autonomía del arte, específicamente. Y yo creo, que eso ya no se sostiene, yo creo que es necesario que… no se sostiene, no lo digo sólo para el arte sino también lo observo con colegas, en todos los campos disciplinarios que intentan mantener sus condiciones de autonomía, creo que la crisis climática o medioambiental, como queramos llamarlas, según el caso, pone en crisis esas especificidades, entonces el arte también necesita hacerse preguntas o quienes estamos dentro del campo del arte necesitamos hacernos preguntas, sobre más bien cómo tender puentes, cómo unirnos, pero también cómo es dibujar esas fronteras que nos separan de otros saberes y otros campos.

Fragmento sonoro de “Lucha eterna”, interpretada por Caye Cayejera.

Punto Ciego

Créditos

Agradecemos a Yásnaya Aguilar, Carolina Caycedo, José Antonio Monroy Salas y Adriana Salazar Vélez por su participación en esta entrega. Así como el apoyo de Resistencia Modulada.

Para este episodio incluimos fragmentos sonoros extraídos de “Por el Agua”, interpretada por No te va a gustar y “Lucha eterna”, interpretada por Caye Cayejera.

Coordinación: Carolina Condés, Sol Henaro, Daniela Merediz y Virginia Roy

Revisa nuestro hashtag #MUACdondeEstés y consulta nuestra programación en muac.unam.mx programas/podcast así como en nuestras plataformas digitales.

Punto Ciego

Un podcast MUAC, CulturaUNAM

[FIN]

Semblanzas

Yásnaya Elena Aguilar Gil (Ayutla Mixe, 1981)

Forma parte del COLMIX, un colectivo de jóvenes mixes que realiza actividades de investigación y difusión de la lengua, historia y cultura mixe. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas y cursó la Maestría en Lingüística en la UNAM. Ha colaborado en diversos proyectos sobre divulgación de la diversidad lingüística, desarrollo de contenidos gramaticales para materiales educativos en lenguas indígenas y proyectos de documentación y atención a lenguas en riesgo de desaparición. Se ha involucrado en el desarrollo de material escrito en mixe y en la creación de lectores mixehablantes y otras lenguas indígenas. Se ha involucrado en el activismo para la defensa de los derechos lingüísticos de los hablantes de lenguas indígenas, en el uso de las lenguas indígenas en el mundo virtual y en la traducción literaria.

Carolina Caycedo (Londres, 1978)

Artista multidisciplinaria conocida por sus performances, videos, libros de artista, esculturas e instalaciones que examinan cuestiones ambientales y sociales. Participa en movimientos de resistencia territorial, economías solidarias y la vivienda como derecho humano. Caycedo es colombiana nacida en Londres y vive y trabaja en Los Ángeles.

Antonio Monroy (Toluca, 1984)

Su obra entremezcla capaz históricas y mitológicas del culto mesoamericano al agua, abordando el pensamiento indígena contemporáneo frente a los despojos y conflictos territoriales. Ha presentado su obra de manera individual y colectiva en Colombia, Costa Rica, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia, Inglaterra y México.

Adriana Salazar (Bogotá, 1980)

Artista, investigadora, escritora y docente colombiana. Vive desde 2014 en la Ciudad de México; desde entonces ha estado implicada en los procesos de defensa de agua y tierra en esta región. Sus proyectos de investigación artística abordan las borraduras entre lo vivo y lo inanimado desde la articulación entre diversos saberes y prácticas, teniendo muy presente al agua como elemento vinculante.

Punto ciego

Los objetos están más cerca de lo que parece, un punto ciego ocurre cuando no podemos percibir lo que está cerca de nosotros: es la zona que nos impide ver partículas flotantes y acontecimientos que nos interpelan. Desde el arte contemporáneo, este espacio sonoro busca amplificar voces y enfatizar realidades con las que convivimos. Cada episodio es un diálogo sobre cómo el arte responde a determinadas coyunturas culturales, sociales y políticas, mediante procesos de trabajo, investigación artística y otros modos de extender las prácticas actuales.

Virginia Roy y Sol Henaro

Virginia Roy y Sol Henaro

Anfitrionas

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